Sáb. Mar 28th, 2020

Virtualidad: la pandemia que cambió la educación superior para siempre

Tuve la oportunidad de ser parte de una pequeña cohorte de profesores que se atrevió a diseñar un curso totalmente virtual. Fue un duro año de trabajo, junto a un equipo docente, mientras éramos vistos como bichos raros.

“¿Eso es poner a los estudiantes a ver videos?” o “no todas las clases se pueden dictar así” eran los comentarios que generalmente escuchábamos de nuestros colegas, que en su mayoría prestaban poco interés en el tema. Bueno, pues hoy tenemos que dictar todas las clases así y… no es solo hacer videos.

El primer cambio que tuvimos que hacer fue enfocar el curso en el estudiante y no en el profesor. El curso dejó de ser una lista de chequeo de temas, que yo incluía en programas y charlas presenciales, y se convirtió en paquetes de actividades orientadas en dejar mensajes perdurables en el estudiante.

Entendí que el conocimiento que tenemos los docentes, sobre ciertos temas, lo adquirimos a lo largo de la vida y no en un solo curso. La idea era transmitir las herramientas para poder aprender autónomamente por el resto de la vida.

Encontré además valores agregados que la clase magistral no brindaba. Los tableros de discusión virtual, por ejemplo, son ambientes donde los estudiantes despliegan sus trabajos, ensayos o infografías, simultáneamente.

Allí todos los estudiantes pueden ver las entregas de todos sus compañeros, ver mis comentarios e incluso hacerse comentarios entre sí. La presión de grupo vuelve las entregas mas innovadoras, creativas y mejor presentadas. Los estudiantes pueden comentar en audio y video, y muchas veces hay mas interacción así que durante una clase tradicional. increíble, ¿no?

Recientemente, los profesores nos quejamos del tiempo que los estudiantes invierten en redes sociales y en sus teléfonos inteligentes. Para un curso virtual esto es mas una oportunidad que un problema.

Los exámenes y quices que hacíamos de selección múltiple se pueden “gamificar” y hay un sinnúmero de aplicaciones para que los estudiantes jueguen entre ellos o con la máquina usando la misma información. Sorprendentemente, de esta forma memorizan mejor.

El grueso de la evaluación es lo que cambia radicalmente en un curso virtual. Nos quejamos de que los estudiantes no escriben bien ni leen mucho, pero queremos que memoricen nuestras notas de clase. Además, el aula en donde los estudiantes hacen un examen, mientras el profesor los cuida para que no se copien, no es posible virtualmente.

¿Entonces, cómo evaluar? Acá también hay otro avance educativo en la virtualización. Las evaluaciones deben hacerse sobre escritos, en lo posible fruto de investigación, solución de problemas, lectura crítica, o talleres. Este sistema nos obliga a innovar formas para que el estudiante aprenda haciendo, no repitiendo, siendo más creativo y ante todo crítico.

Finalmente, la virtualidad es una modalidad de aprendizaje en la que el estudiante tiene que ser mas activo y cooperativo en el proceso. Esta pandemia que nos obliga a quedarnos en casa es una oportunidad única para, no solamente volvernos profesores innovadores, sino para que los estudiantes sean más consientes y responsables de su aprendizaje.

Es un trabajo que debemos hacer, desde ahora en equipo, que, ante todo nos esta preparando para un mundo que cambiará para siempre.

Juan Armando Sánchez, Ph.D.
Profesor titular, Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia
@biommar