Jue. Ene 23rd, 2020

La terciarización se hace cada vez más fuerte en el mercado laboral

Madrid Actualizado:13/01/2020 01:05h Guardar

La industria decae y los servicios acaparan todo el protagonismo de la actividad y en el mercado de trabajo. Es un fenómeno recurrente en todas las economías desarrolladas, pero que se reproduce con especial intensidad en España. Según los datos del Ministerio de Trabajo, el sector terciario acapara ya tres de cada cuatro afiliaciones a la Seguridad Social en nuestro país (75,9%). Muy lejos quedan las actividades manufactureras (11,8%), la construcción (6,4%) y la agricultura (5,9%).

La tendencia viene de largo y es de sobra conocida, pero la novedad es que esta terciarización se ha intensificado en un momento de marcada desaceleración del empleo. Esta rama de la actividad sumó 362.203 nuevos afiliados el año pasado, un 2,5% más que el ejercicio anterior, lo que se traduce en que acapara nada menos el 94,2% de los nuevos empleos creados (muy por encima del 76,2% de 2018), según un análisis de Adecco Group Institute. Con 23.980 nuevas afiliaciones (1,1% más), la industria siguió perdiendo peso en la creación de empleo, aportando el 6,2% del total, casi dos puntos porcentuales menos (8%). Pero el parón económico se hizo especialmente patente en las actividades ligadas al ladrillo: en los últimos doce meses se crearon 29.553 puestos de trabajo (un 2,4% de crecimiento interanual), que representan un 7,7% del total de nuevos empleos. Es la proporción más baja desde diciembre de 2016 y queda muy lejos del 13,2% del año pasado. Peor aún es la evolución del sector agrario. El campo español presentó en 2019 una destrucción neta de puestos de trabajo (31.300 empleos menos, -2,7%). En diciembre se cosechó el peor resultado para la actividad desde febrero de 2015.

Esta terciarización tan acelerada y acusada diluye aún más el protagonismo de un tejido industrial que todavía suma 600.000 empleos menos que en 2007. Este frenazo en el empleo manufacturero en el ultimo año y el mejor comportamiento de los servicios tiene razones estructurales, pero también un fuerte componente coyuntural. «Hay que analizar qué hay detrás de la reducción del peso de la industria cuando la economía se desacelera. Hemos tenido “vientos” en contra del comercio internacional e incertidumbres alrededor del Brexit, por lo que el sector manufacturero en la zona euro ha estado en recesión todo el año. Con carácter general sí hay una tendencia a la pérdida de peso de la industria frente a los servicios. Pero además, en el caso de España, el hecho de que una parte importante de nuestro crecimiento venga del consumo interno profundiza la diferencia a favor del sector servicios. En una economía con un tejido industrial que ya de por sí es menor que el de otros países, la apariencia es que el sector servicios “sufre” menos en periodos de ralentización, pero lo que ocurre es que nuestro PIB crece gracias a sectores vinculados a los servicios (comercio, turismo…)», explica Javier Blasco, director del Adecco Group Institute.

La revolución tecnológica y los nuevos modelos productivos también están abriendo un debate sobre si la ventaja de la industria a la hora de generar empleo de calidad es indiscutible

Por su vínculo a la innovación y el efecto arrastre que ejerce sobre otros sectores, siempre se ha identificado la actividad industrial como una garantía de competitividad, capaz de generar también un empleo más especializado, estable y con sueldos más elevados. Pero la oportunidad de la recuperación económica de los útimos años no se ha aprovechado para revitalizar nuestro tejido fabril. «Seguimos teniendo elementos que lastran nuestra competitividad y, en particular, el crecimiento del sector industrial», explica Blasco. La escasa promoción de la I+D+i de no poner en valor la figura del empresario y del emprendedor, marcos reguladores laborales y de otras disciplinas que disuaden a potenciales inversores industriales nacionales y extranjeros, inestabilidad institucional… son solo algunos delos obstáculos que Blasco identifica en la intransitable pista de despegue de la actividad industrial en España.

Pero la revolución tecnológica y los nuevos modelos productivos también están abriendo un debate sobre si la ventaja de la industria a la hora de generar empleo de calidad es indiscutible. «Hay una discusión sobre si con más peso del sector terciario vamos a crecer menos, a tener menos avances de productividad o se va a generar más desigualdad. Es algo que no está empíricamente aclarado, pero entiendo que no necesariamente la industria es siempre mejor. Dependerá de qué actividades hablemos en cada caso. Hay muchas en el sector servicios que están muy vinculadas ya a la tecnología y tienen mucho componente de investigación que genera valor. Evidentemente, no tiene nada que ver poner copas con realizar un servicio de consultoría especializada en análisis de datos», explica José Luis Álvarez, profesor y vicedecano de la Facultad de Económicas de la Universidad de Navarra.

«El problema es que seguimos anclados, en gran parte al menos, en sectores muy tradicionales y con poca investigación y desarrollo», añade Álvarez. Según la útima EPA, la hostelería, con 1.841.000 personas, representa más del 9% empleo total en España.

Javier Blasco coincide en que la tecnología difumina las fronteras entre los sectores y reduce el riesgo de generar nuevas desigualdades: «La creciente digitalización ya no es patrimonio de un sector, de hecho va a afectar a todos. Y cada uno eliminará unas tareas y ocupaciones y posibilitará la creación de otras. Estos nuevos conocimientos, además de las nuevas competencias que se demandan, ya son transversales a cualquier sector, lo que aportará valor a las personas trabajadoras, y por ello supondrá mayores retribuciones a cualquiera de esos sectores, eliminando las actuales diferencias».