Sáb. Mar 28th, 2020

Carolina Marín: confinamiento activo, psicóloga ‘on line’, un oro de cinco años y un Mundial de Huelva en el aire

«¿Que qué veo por la ventana? Un colegio cerrado». Carolina Marín, una de las reinas de nuestro deporte, lleva el encierro como todos, de la mejor manera posible. A ratos con buen ánimo: a ratos, con preocupación. Los días, eso sí, dice que no se le hacen largos, que de aburrirse nada de nada. Entreno, series, llamadas, lectura, cocina… «No paro». El nuevo estrés hogareño que anda descubriendo tanta gente. Se define casera, pero no tanto, claro.

«Me gusta descansar aquí cuando no estoy de viaje, que es casi siempre. Una cosa es eso y otra esta situación surrealista», cuenta por teléfono desde Huelva, a cubierto con su madre -«Ni un beso le he dado desde que llegué»-. Con ella se refugió tras participar en un torneo en Londres mientras España echaba la persiana del estado de alarma. Fue de las últimas en seguir en competición, por culpa de la heterodoxa vía británica de afrontar el coronavirus. Después, avión a Sevilla y coche a su ciudad natal. «Aquí la gente está concienciada, es de los sitios con menos contagios del país», apunta orgullosa.

Marín recibió ayer tarde la noticia del aplazamiento de los Juegos con satisfacción. Se impuso la sensatez que ella llevaba días reclamando. Pertenece ya a la primera generación de campeonas olímpicas cuyo título va a durar cinco años. «No tiene sentido celebrarlos bajo estas circunstancias. Por mucho que hubieran mejorado las cosas, habría restricciones, riesgos y muchos deportistas no podríamos haberlos afrontado con la forma adecuada. Hay que ir al 200 por ciento de preparación. Y con este parón no llegaríamos ni al 30», argumenta una de las mejores jugadoras de bádminton del mundo.

La mudanza olímpica a 2021 chocará de lleno con el Mundial de Huelva, previsto para agosto, un proyecto muy vinculado a la figura de la campeona española. Los dos eventos no podrían coincidir en el mismo año.

Ahora vendrá la difícil reestructuración del calendario deportivo mundial y del suyo particular, pero cada cosa a su tiempo. Disciplinada en la pista y al micrófono, intenta mantener el foco en lo más urgente: la prevención de la enfermedad y el esfuerzo coral de la sociedad por obedecer las indicaciones sanitarias.

Disciplinada

Le estremecen, como a todos, las historias de la muerte desbocada que llega a las Urgencias de los hospitales, de los triajes que calculan esperanzas de vida antes de asignar una cama UCI y de las víctimas solitarias que en el adiós agarran la mano con guante de unos sanitarios desconocidos y de los que el único rasgo humano que pueden ver son los ojos, bajo esos aparatosos trajes espaciales de protección.

Denunciada la incongruencia que hubieran sido unos Juegos -evento festivo para el público y de examen para los deportistas-, Carolina no va más allá. No protesta por estar atada al salón, ni reclama a las autoridades permisos para poder salir a entrenar, como sí han hecho desde otras especialidades.

«Los deportistas debemos dar ejemplo. Lo importante es lo importante. Que se cuide la gente, que no salga a la calle, que no ponga a los suyos en riesgo. El deporte es mi vida, pero ahora lo digo bien alto: es algo secundario», dice con la firmeza que gasta en la pista, con esa fuerza de piernas y, sobre todo, de cabeza que es su imagen de marca. En la élite, cada detalle puede ser decisivo, del grito intimidatorio al ganar un punto hasta la leve corriente de aire acondicionado del pabellón que, de repente, siente como un cosquilleo en la nuca. Toca entonces modificar el vuelo del volante.

Junto a su entrenador, Fernando Rivas, han formado uno de los dúos más exitosos del deporte nacional, tan ambiciosos en el juego como atrevidos en los métodos de entrenamiento. No dejan de inventar. Una campeona de raza y laboratorio que afronta la crisis con paciencia y adaptándose a las circunstancias. Trabajo indoor, con flamenco en los cascos para animarse. «En casa sólo puedo hacer bicicleta estática y algunos ejercicios físicos. Pesas con kilos de arroz y nada de raqueta. Menos mal que tenemos un cachito de patio», comenta con un toque alivio.

Psicóloga

Tras unos primeros días a ritmo más bajo -lo que marcaba su plan- acelerará, en la medida de lo posible, esta semana. Ya le han enviado planes de preparación su cuerpo técnico y no faltarán sesiones on line con su psicóloga. «Me vendrán mejor que nunca, porque mentalmente es duro esto. Te levantas por la mañana y piensas que estás viviendo algo irreal». ¿Ha salido a la calle? «Sólo una vez a comprar, y con guantes y mascarilla. Mejor quedarse en casa».

La mayoría de sus rivales directas son asiáticas o de la India, destinos donde el impacto del Covid-19 va siendo superado o las restricciones son menos severas para los deportistas. «El equipo chino se marchó a Inglaterra a entrenar cuando empezó la crisis a principios de año, y ahora han vuelto a su país, donde las cosas van normalizándose», explica antes de enumerar los torneos de bádminton que han volado del calendario. «Marzo y abril eran meses de mucha competición: Suiza, India, Malasia, el campeonato de Europa… Y ya en mayo nos tendríamos que haber centrado en los Juegos de Tokio…», repasa con nostalgia la dueña del último oro olímpico.

Conforme a los criterios de

The Trust Project

Saber más